sábado, 31 de julio de 2010


Yo mantengo la apasionante doctrina de que ninguno de los placeres son tan frecuentes ni tan intensos como los de los cristianos agradecidos, devotos, resolutos, sinceros que se niegan a sí mismarse, de artes y oficios, de jugar y ver jugar, de descubrir y hacer cosas, de ayudar a otra gente, y todos los otros placeres nobles que la vida ofrece, son dobles para los cristianos; porque, como solían decir los antiguos felices puritanos (no señor, esto no es un error de imprenta, no es freudiano; quiero decir puritanos de verdad, puritanos históricos, no los petulantes y desabridos puritanos de la imaginación angloamericana), el cristiano saborea a Dios en todos sus placeres y los incrementa, mientras que a otras personas el placer les deja un sentido de vaciedad que los restringe. Además, y mantengo que cada encuentro entre un cristiano sincero y la Palabra de Dios, «la ley de tu boca» (Salmo 119:72), aun cuando cale hondo o requiera humillarse, produce gozo como resultado, del mismo modo como Blanchard, Wood y Lee insinúan, y, mientras más fiel sea el cristiano, mayor será su gozo.

J.I Packer La voz del Dios Santo.
Gracias por decir y tener un tan buen comienzo...