Yo mantengo la apasionante doctrina de que ninguno de los placeres son tan frecuentes ni tan intensos como los de los cristianos agradecidos, devotos, resolutos, sinceros que se niegan a sí mismarse, de artes y oficios, de jugar y ver jugar, de descubrir y hacer cosas, de ayudar a otra gente, y todos los otros placeres nobles que la vida ofrece, son dobles para los cristianos; porque, como solían decir los antiguos felices puritanos (no señor, esto no es un error de imprenta, no es freudiano; quiero decir puritanos de verdad, puritanos históricos, no los petulantes y desabridos puritanos de la imaginación angloamericana), el cristiano saborea a Dios en todos sus placeres y los incrementa, mientras que a otras personas el placer les deja un sentido de vaciedad que los restringe. Además, y mantengo que cada encuentro entre un cristiano sincero y la Palabra de Dios, «la ley de tu boca» (Salmo 119:72), aun cuando cale hondo o requiera humillarse, produce gozo como resultado, del mismo modo como Blanchard, Wood y Lee insinúan, y, mientras más fiel sea el cristiano, mayor será su gozo.
J.I Packer La voz del Dios Santo.
Gracias por decir y tener un tan buen comienzo...
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